María Paula Ramírez: Bueno, hoy me encuentro con Mari Grueso, una maestra, narradora oral y poeta afrocolombiana que ha escrito varios cuentos infantiles como La muñeca negra, La cucarachita mandinga, El gran susto de Petronia, La niña en el espejo, y uno que me gusta mucho: Abuela se fue a la luna. Te quiero dar las gracias, Mari, por aceptar esta charlita y mi invitación.

Mari Grueso: Gracias a usted por invitarme; tenga la seguridad de que para mí es más importante esta invitación suya.

María Paula Ramírez: Ay, muchas gracias, Mari. El año pasado, en enero, te vi en un recital de poesía en Cartagena que hiciste junto a otras poetas como Piedad Bonnett, Cristina Rivera Garza y Juliana Ortiz.

Mari Grueso: ¿Usted estaba allá?.

María Paula Ramírez: Sí, de hecho allá compramos el librito, pero no te alcanzamos a encontrar.

Mari Grueso: ¿Por qué usa tanto el diminutivo?. Ya lo tiene adherido a su lenguaje, a su léxico. Cuidado el novio vaya a tener dos metros, ¿eh?.

María Paula Ramírez: ¡Ay! Sí, me gusta mucho usar el diminutivo. Para mí fue muy especial verte allá, porque no pasaste leyendo, sino declamando tu poema. Pasaste mirando a todo el público, y eso me sorprendió. La primera pregunta que te quiero hacer es: ¿cómo te sientes o qué opinas acerca de ser una de las pocas voces colombianas que da cuenta de la tradición oral en nuestro país?.

Mari Grueso: Para mí es un honor, porque es seguir una trayectoria y recordar que siempre hubo una base, que venimos de atrás. No podemos construir si no tenemos una base en el edificio. Para mí es un orgullo poder llevar la voz de mis antepasados, de mi cultura y de toda mi región del Pacífico. Aunque en los cuatro departamentos nos diferencian algunas cosas, tenemos muchas en común. Me parece muy importante porque no podemos dejar morir nuestra cultura; si no la retomamos y la llevamos a escena, se va quedando atrás mientras el mundo evoluciona. Tenemos que avanzar sin abandonar las bases, trayendo lo nuestro y emparejándolo con la actualidad. Me siento muy feliz de ser la voz del Pacífico en estos espacios.

María Paula Ramírez: Hoy en día hay una gran preocupación sobre cómo preservar la oralidad. Algunos lingüistas le apuntan a la transliteración, pero hay tradiciones orales, como las indígenas, donde al leerse se pierde la experiencia vocal. ¿Cómo crees que se debe preservar la oralidad hoy en día, cuando la letra no da el alcance que la voz necesita?.

Mari Grueso: Eso pasa mucho, sobre todo al traducir a otro idioma; hay personas a las que no les gusta hacerlo porque sienten que se pierde el sentido original. Con la oralidad estamos haciendo un puente hacia la escritura. Sin dejar lo oral, tenemos que escribir, porque si no, la tecnología nos mata y la oralidad se queda atrás. Lo que hacemos es llevar esas cuestiones orales a la escritura para que perduren en el tiempo. Lo oral está en constante movimiento, y en el camino se van perdiendo elementos o se adoptan otros, como al buscar un sinónimo que no refleja la esencia exacta. Escribir nos permite conservar esa base, pero seguimos manejando la oralidad para que no muera. Apoyarnos en la escritura permite que nos lean en cualquier lugar y que el texto permanezca intacto, mientras que la memoria de quien solo escucha siempre tiene limitaciones.

María Paula Ramírez: Es como una tarea conjunta.

Mari Grueso: Es una tarea conjunta; la una tiene relación con la otra.

María Paula Ramírez: A propósito de esa tensión entre la voz y la letra, hace unos años el Premio Nobel galardonó a un cantante, Bob Dylan, por sus letras. ¿Qué músico te gustaría que tuviera un reconocimiento literario similar?.

Mari Grueso: Hablar de un Premio Nobel ya es una cosa mayor. Pero pienso en alguien como Julio Iglesias; él componía y cantaba, es un hombre universal cuya música todo el mundo conoce. Una persona con ese nivel de universalidad es posible que pueda ser considerada.

María Paula Ramírez: Volviendo a la poesía, ¿cómo se declama un poema?.

Mari Grueso: Primero, hay que leer el texto y adentrarse en él. A medida que lo lees, te vas apropiando de sus palabras hasta que formas parte de ese texto. Difícilmente me voy a poner a leer un poema frente al público, porque al leer no puedo acercarme a la gente, tengo que estar mirando el papel. Si estoy declamando, me muevo y lo interpreto con todo el cuerpo, además del alma. Le meto las ganas y el sentimiento, y eso hace que me tengas que mirar y escuchar. Ahí se cumple la función fática del lenguaje: tienes que mirar mi gesto y mi forma, sin tiempo para mirar a otro lado.

María Paula Ramírez: Sí, lo viví; ese día el aplauso fue impresionante.

Mari Grueso: Así me sucede casi siempre. Yo me apersono del poema, lo siento y todo mi cuerpo funciona en torno a él.

María Paula Ramírez: ¿Crees que es distinto declamar un poema propio frente a uno de otra autoría?.

Mari Grueso: Hay que meterse en el poema y tomarlo como propio. Muchas veces un poema expresa exactamente lo que tú sientes, entonces te empoderas de él. Es como si te pusieran en bandeja de plata las palabras exactas que quisieras decirle a alguien. Independientemente de quién lo haya escrito, tú asumes el sentimiento. Para mí, la poesía es la expresión del sentimiento: es poner en papel lo que siento por el mar, por mis congéneres o por una persona determinada.

María Paula Ramírez: Desde el año pasado fuiste nombrada miembro de la Academia Colombiana de la Lengua. Genuinamente me da mucha curiosidad, ¿qué hace un miembro allí y cómo ves tu aporte?.

Mari Grueso: Allí se habla sobre el cuidado del lenguaje, propendiendo por que no se degenere la lengua y sus formas. Se estimula a los autores, se lee y se analiza a los que ya no están para que no mueran. Lo más importante es preservar y cuidar la lengua.

María Paula Ramírez: En ese espacio, ¿se discute el papel de otras lenguas que existen en Colombia?.

Mari Grueso: En las sesiones en las que he estado, aún no hemos tocado esa parte. Pero acaba de entrar una mujer indígena que lleva su lengua materna y ha elaborado un diccionario con ella. Eso nos dice que la Academia está permitiendo otras maneras de hablar y expresiones. Nosotros, por ejemplo, tenemos variaciones; omitimos la T, la S o la R al final de las palabras graves. En vez de decir “navidad”, le hacemos fuerza a la A final; la palabra sigue siendo grave en esencia, pero al omitir la consonante, fonéticamente la tildamos.

María Paula Ramírez: Como las adaptaciones de palabras en tus libros, ¿no? Como “abuela”.

Mari Grueso: Claro, de eso se trata, de mostrar nuestra cultura desde diferentes ángulos. Esto es un aporte a la literatura desde mi región. Lo de “abuela” o decir “nuna” en vez de luna es porque así hablan los niños pequeños, y a medida que crecen se les va enseñando.

María Paula Ramírez: ¿Hay algún personaje de tus libros al que le tengas un cariño especial?.

Mari Grueso: Sí, claro. Le tengo un cariño muy especial a Alba Rocío, de La niña en el espejo, y también a La cucarachita mandinga. A la cucarachita le hicieron bullying y no pudo aprender a leer ni a hablar. La iban a matar por ser de otra especie, y cuando empezó a hablar, se burlaban de ella y querían sacarla con una escoba. Ella se escapó por una ventana y casi la coge un carro, hasta que se subió a uno de trasteo. Aunque sus compañeros luego la llamaron para enseñarle, ella no confió y se fue llorando. Es una historia muy triste, pero me gusta porque refleja cómo muchos estudiantes dejan el colegio por culpa del bullying.

María Paula Ramírez: ¿Cómo apareció ese interés en ti por la lengua y la literatura?.

Mari Grueso: Fueron varios momentos. Primero, a mi mamá le gustaban los poemas y me declamaba a Enrique Arciniegas. Mi papá era narrador oral y contaba cuentos, y mis tíos maternos tenían el don de la buena charla. Yo vengo de todo eso. Luego, mi profesor de español en el colegio me enseñó el amor por la poesía y a declamarla. Más adelante, cuando mi esposo murió, me quedé con dos hijos y sin un norte; fue ahí cuando empecé a escribir sobre la pérdida y el amor. Como el sufrimiento era constante, decidí cambiar de enfoque y empecé a escribir sobre mi gente, mi tierra, el negro y el mar Pacífico. Ya como maestra, me di cuenta de que en el pénsum educativo no estábamos nosotros los negros y los cuentos no nos representaban. Entonces, empecé a escribir cuentos desde el aula, haciendo a mis alumnos los protagonistas. Ellos estaban felices, y así fue como empecé a escribir literatura infantil.

María Paula Ramírez: Para cerrar, ¿cuáles son esas lecturas que siempre les recomiendas a los niños para que se enganchen con la lectura?.

Mari Grueso: A mis estudiantes siempre les ponía a leer a Irene Vasco. Era mi autora de preferencia para primaria, secundaria o incluso la universidad. Una vez la llevé a la Universidad del Valle para que mis alumnos la conocieran. También leíamos a Pablo Neruda y a Mario Vargas Llosa, pero siempre había que meterle algo del Pacífico y de lo nuestro.

María Paula Ramírez: Muchas gracias, Mari. Para agradecerte por tu tiempo y por aceptar esta invitación, te quiero obsequiar un librito de poesía de una maestra barranquillera que se llama Tallulah Flores. Se llama Voces del tiempo y es de una colección del Externado.

Mari Grueso: No la conocía, vea pues. Muchas gracias. Ahora volvió con el librito, se le había olvidado andar con los diminutivos.

Foto: Jose Diaz Ramos