María Paula Ramírez: Candidato Luis Gilberto, muchas gracias por su tiempo para este espacio y también a su equipo para coordinarlo. Me ilusionó mucho hablar de sus libros; como se dio cuenta en el chismoseo de las redes sociales, sigo muchas de sus lecturas. Entonces me interesa mucho este espacio para conocerlo personalmente como lector.
Luis Gilberto Murillo: Muchas gracias por la invitación y por adentrarse un poco en lo que a veces he publicado y lo poquito que tengo en este recorrido y en la biblioteca. Ahí vi su video donde muestra algunos de los libros que me han llamado la atención en el pasado.
María Paula Ramírez: Bueno, me gustaría comenzar preguntándole cómo aparecieron los libros en su vida. ¿Cuál o cuáles fueron esos libros que le dieron su primera experiencia como lector?
Luis Gilberto Murillo: Bueno, realmente la lectura nuestra en la casa empezó en un pueblo pequeño, en Andagoya, en el Chocó, que era un campamento minero en esa época. Empezamos, obviamente, aprendiendo a leer con las cartillas de siempre con las que aprendimos todos los colombianos. Pero a mi papá, por su actividad, le llegaba el periódico. Ahora, hay que decir que llegaba allá en unos vuelos, entonces el periódico llegaba cada dos días o algo así. Él siempre estaba suscrito a los periódicos El Tiempo o El Espectador, y le gustaba que leyéramos las noticias y nosotros nos informábamos.
Después, por ser líder sindical, él tenía mucha conexión con las universidades, sobre todo con la Universidad de Antioquia, mucho con Medellín. De ahí le enviaban libros, más que todo de temas sindicales y algunos de filosofía. Entonces yo curioseaba mucho los libros de él. Ahí empezó la curiosidad, además de las tareas que nos daban en el colegio, en las que había que analizar lecturas y presentar. Eso fue cultivando la curiosidad. A mí siempre me gustó mucho la lectura de tipo político, de acontecimientos, influenciado por esa misma experiencia de mi papá, de Julio Murillo.
María Paula Ramírez: Le iba a preguntar si recuerda un libro puntualmente, una historia que lo haya cautivado cuando era pequeño o joven.
Luis Gilberto Murillo: Pues la verdad no mucho. Sí había algunos de filosofía, estaba muy expuesto a Bertrand Russell, como aprendiendo y conociendo. Muchas lecturas de Santo Tomás de Aquino, que era como un balance, porque a mi papá le gustaba bastante la filosofía. Había también un compendio de filosofía política —no recuerdo el autor— que estudiaba a los grandes filósofos griegos; ese también me impactó bastante.
Y nosotros, obviamente… mi mamá siempre fue muy devota, muy religiosa. Crecimos católicos, así que siempre nos enseñaron a leer la Biblia y a saber rezar el rosario. En esos pueblos tan pequeños era una señal de orgullo cuando te seleccionaban para leer en la misa los domingos. Estábamos en un colegio católico y era obligatorio ir. Era un honor que lo seleccionaran a uno en el curso para leer; uno trataba de hacerlo muy bien. De hecho, todavía sigo leyendo la Biblia todos los días.
María Paula Ramírez: Ah, es todo un reto leer la Biblia. Se puede leer de muchas formas también; es una lectura pensada en voz alta, muy declamatoria.
Luis Gilberto Murillo: Sí, yo lo hago. Leo la Biblia todos los días. Esta es con la que yo viajo, una pequeñita.
María Paula Ramírez: ¡Ay, está hermosa! Tiene una Biblia de viaje.
Luis Gilberto Murillo: Lo que pasa es que es muy pequeña la letra, casi que toca con lupa. Pero la leo. Leo los Salmos, tengo algunos que me gustan.
María Paula Ramírez: ¿Hay alguna historia que le guste en particular de la Biblia?
Luis Gilberto Murillo: Sí, a mí me gusta la de José y sus hermanos. Porque muestra que el esfuerzo te puede llevar adelante sin que sepas los caminos que ha designado Dios para ti. Y los Salmos me gustan porque se asocian mucho con el rey David, que canta su historia, y con Salomón. La historia de David muestra cómo lo imposible se puede hacer posible a través de la fe. Y más poético, obviamente, Cantar de los cantares.
Mire, esta otra Biblia me la regaló hace poco el pastor Ramiro Peña, un pastor muy influyente que es asesor espiritual de Donald Trump, imagínese, y de Petro, y de mucha gente. Tiene dedicatoria: “Hermano Luis, que el Señor te bendiga siempre mientras lees su palabra. Ramiro Peña”. La ventaja de esta es que te explica el contexto de cada Salmo, como el 112, que habla de las ventajas de tener fe; es muy didáctica. Pero esta no la cargo, la mantengo en la casa.
María Paula Ramírez: Bueno, a medida que va pasando el tiempo, uno va evolucionando con las lecturas.
Luis Gilberto Murillo: Sí, yo leo muchos informes técnicos. Ah, qué aburrido, dirán. Pero eso me recuerda a cuando estaba en el bachillerato, de cuarto para noveno. Mi tía, que era maestra en Cali, me dio un libro porque yo tenía problemas para prepararme para el examen del ICFES. Me dijo: “Lea este libro, porque además de los conocimientos, usted necesita la técnica para presentar el examen”. Yo empecé a leer ese libro en noveno, y cuando llegué a once ya estaba preparado en la técnica. Ese libro técnico realmente fue la clave, porque me permitió obtener el mejor puntaje en el Chocó y ganarme la beca para irme a estudiar a Moscú y a Bakú, y conocer otro mundo. Yo siempre digo que un libro cambió mi vida, y no fue un clásico de la literatura, sino uno para prepararse para un examen.
María Paula Ramírez: Qué importantes son esos libros de formación, porque uno tiene que saber el contenido, pero también la forma. Desde esos primeros encuentros con la lectura hasta el día de hoy, ¿qué tipo de lector es? ¿Es de los que raya el libro, dobla las páginas, escribe en el margen, o de los que los deja limpios?
Luis Gilberto Murillo: No, yo rayo. [Busca un libro] Este me lo regaló mi hijo, The Power of Discipline: How to Use Self-Control and Mental Toughness to Achieve Your Goals. Yo le dije: “¿Usted cree que yo no soy disciplinado?” y me dijo que sí, pero que era técnico. Y mire este, The Metamorphosis of the World de Ulrich Beck. Habla de que el mundo no está cambiando, sino que está en una metamorfosis. Me conecta mucho con el mundo ambiental y lo cosmopolita. Hay autores afrodescendientes en Harvard que trabajan el concepto de Afropolitan; no es el afrodescendiente tradicional, sino el que ya es de mundo. Yo me ubico ahí, un negro universal.
Quiero mostrarle que yo rayo mucho. Escribo en la portada y en los márgenes. Cuando un libro no lo rayo, es porque me pareció aburrido. Los clasifico, les pongo códigos de lectura. A veces leo, vuelvo a leer y rayo con otro color o resalto. Yo repito libros. A mí me gusta escribir para no perder la idea, y también doblo algunas páginas.
María Paula Ramírez: Me parece un ejercicio muy importante en la lectura, hacer el libro propio. Cuando se deja impecable, como salido de la librería, es como un libro de nadie.
Luis Gilberto Murillo: Sí, se van poniendo viejitos. Este lo consulto mucho, es de Alfonso Múnera. Él produce textos que narran la historia de Colombia desde otra perspectiva, desde las regiones. Alfonso escribió uno porque aquí han mitificado mucho a Bolívar, y la verdad es que Bolívar tenía demasiados prejuicios raciales. Le temían mucho a una posible revolución de los negros, pardos y mulatos. Ese fue el problema con el almirante José Prudencio Padilla. Alfonso hizo también Fronteras imaginadas, sobre la construcción de la raza y la geografía en el siglo XIX en Colombia.
María Paula Ramírez: Quería preguntarle por ese tema, porque noté que en sus lecturas se destaca mucho el Pacífico, el territorio y lo afrocolombiano. Tiene obras como la de Velia Vidal…
Luis Gilberto Murillo: Velia es espectacular. Ella tiene una fundación para promover la lectura en el Chocó, es una magnífica generadora de identidad y sentido de pertenencia desde Quibdó. También estoy leyendo uno de Edna Liliana, donde narra su encuentro con su propia identidad afrodescendiente y sus viajes a África. Uno se da cuenta de que el Chocó se parece mucho a África Occidental: en cómo camina la gente, cómo baila, cómo se comporta.
Yo me concentro mucho en el Pacífico, en el Caribe, en el sur, regiones olvidadas. La obra La vorágine narra literariamente la historia de esos pueblos excluidos, capturados solo para extraer rentas. Pasó en Puerto Leguízamo, y nosotros queremos plantear un proyecto que le dé voz y visibilidad a esos territorios.
También valoro mucho la literatura rusa. Cuando me formé en la Unión Soviética, leíamos a Tolstói, a Chéjov, a Dostoievski. Pero también a Pushkin, que era afrodescendiente. El Shakespeare de los rusos era afrodescendiente. Yo leía sus poemas para enamorar novias, y como sabemos de neurociencia y del sistema límbico, eso funcionaba.
Creo que hay un déficit en conocer a nuestros propios autores. En el Chocó tenemos a Arnoldo Palacios (Las estrellas son negras), a Teresita Martínez de Varela, la mamá de Jairo Varela, que escribió Mi Cristo negro sobre Manuel Saturio Valencia, el último fusilado en Colombia. Hay que reivindicar a Mary Grueso, a Alfredo Vanín, a Sergio Mosquera, a Pacho Flórez, a Amílcar Acosta, quien ha escrito mucho sobre Juan José Nieto, el primer presidente afrodescendiente.
María Paula Ramírez: Me parece un gran acierto, porque cuentan una historia no oficial de Colombia. Autores que levantan todo a contrapelo y dejan a la luz lo que ha sido ocultado. También te quería preguntar, ya que mencionaste tus libros en inglés y tu formación: ¿lees en ruso todavía?
Luis Gilberto Murillo: Ya muy poco, debo volver a hacerlo. Pero la curiosidad por la lectura se fortaleció mucho en Rusia. En Moscú, al tomar el metro hacia el centro, todo el mundo abría un libro en silencio. Uno entraba en la misma dinámica. En Moscú los libros eran muy baratos; aquí salen caros. Yo leía muchas biografías allá en el metro: la de la Madre Teresa, Lincoln, Martin Luther King, Gandhi.
María Paula Ramírez: ¡Qué especial! El acceso al conocimiento es todo un tema. ¿Y qué está leyendo actualmente?
Luis Gilberto Murillo: Tengo uno que me regaló Roy Barreras, una novela basada en una historia real que se llama Te llamaré Kennedy. También estoy leyendo Rolaiza de Luz María Zapata, mi fórmula vicepresidencial. Ella escribe contando su relación con las personas que la guiaron, y muestra cómo se dedicó a la defensa de la mujer y las minorías.
María Paula Ramírez: Ahora unas preguntas rápidas de cierre. ¿Un libro de Gabriel García Márquez?
Luis Gilberto Murillo: Todos hablan de Cien años de soledad, pero hubo uno que me conectó mucho: Crónica de una muerte anunciada. En el Chocó de antes, si alguien moría violentamente con arma blanca, eso se recordaba por años. Ese libro conectó con las historias de muchos pueblos del Pacífico.
María Paula Ramírez: Un libro que le obsequiaría a un niño o niña colombiana.
Luis Gilberto Murillo: Mi Cristo negro de Teresita Martínez de Varela. Podría ser complejo para un niño, pero genera curiosidad sobre cómo ha funcionado el sistema colombiano. También recomendaría biografías, para que puedan reflejarse y aspirar. Noto que hay muy pocas obras que compendien biografías de líderes para lectura rápida infantil. Y las obras de Velia Vidal, por supuesto.
María Paula Ramírez: Y la última, ¿a qué autor le habría gustado conocer?
Luis Gilberto Murillo: Me hubiese gustado estar en una conversación entre Gabriel García Márquez, Manuel Zapata Olivella y Teresita Martínez de Varela. Escuchar cómo conversan, qué temas abordan. Arnoldo Palacios, Zapata Olivella, Teresita… ellos también merecían el Nobel de Literatura, ¿no?
María Paula Ramírez: Sí, un muy buen escenario. Candidato, para terminar, le quiero obsequiar un libro que escogí pensando en su gusto por la novela colombiana, el territorio y las historias no oficiales: Primero estaba el mar de Tomás González.
Luis Gilberto Murillo: ¡Guau, chévere! Se conecta con la obra de Mary Grueso. Nosotros decimos que el país está de espaldas a sus mares y queremos que vuelva a mirar a sus territorios marino-costeros. ¡Oh, con dedicatoria! Dice: “Estimado Luis Gilberto, muchas gracias por tu tiempo. Escogí este libro pensando en tu gusto por la novela colombiana, el territorio y las historias no oficiales. Cordialmente, María Paula”. Muchas gracias, lo voy a leer.
María Paula Ramírez: Muchas gracias a usted por su tiempo.

